Tiempos de Fuga

Una tarde navideña en que nos disponíamos a regresar a nuestra casa de Tenerife después de pasar las fiestas con la familia, me llegué hasta el barrio de mis primeros veintiocho tacos, en mi ciudad natal de Las Palmas de Gran Canaria, para dejar a mi madre en casa. Cuando pasaba junto a la fachada trasera del bingo, paré el coche, pronuncié un ahora vuelvo y me bajé cámara en mano hasta el pie del edificio donde mi viejita me vio sacar un par de fotos a algo que estaba en la pared sobre una salida de emergencia y que no pudo identificar. Cuando regresé al coche, mi madre me preguntó con curiosidad y yo le respondí que se trataba de un viejo reloj de sol que recordaba desde muy pequeñito y al que siempre echaba un vistazo cada vez que salíamos del antiguo y reconvertido cine.

Un reloj al que nadie más parecía prestar atención, y que ahora permanecía igual de olvidado, casi ajeno a reformas, cambios de negocio y tormentas tropicales de nuevo cuño. Tempvs Fvgit, el tiempo huye, decía y dice la esfera cuadrada.

Una larga experiencia con familiares, amigos y conocidos me indica que, a pesar de ser un recién llegado a la cuarentena, tengo una memoria de hechos, objetos y detalles acaecidos en mi infancia y adolescencia que supera incluso a la de personas de más edad, por lo que he decidido que esta bitácora sea un lugar donde recoger todo ese material antes de que se pierda por algún sumidero de mi ajetreada cabeza.

Así que en esta bitácora hablaré de cómo fue la Gran Canaria de los años 70 y 80 del siglo XX, desde la perspectiva de un niño del barrio de Schamann, en Las Palmas de Gran Canaria. No trataré de hacer un ejercicio nostálgico –tiempos pasados, algunos fueron mejores y otros peores– ni de recopilar información que todo el que esté interesado medianamente en la época puede encontrar en otras fuentes, sino que la plantearé desde el recuerdo de las pequeñas cosas y hechos olvidados en su mayor parte incluso por aquéllos que los disfrutaron y vivieron.

Quiero dedicar este trabajo a mis héroes de las pequeñas cosas que ya no están: a mis padres Antonio y Carmen, quienes me abrieron los ojos a las maravillas de este mundo, y a mi hermana Carmen y a mi cuñado Carlos que, por encima de todo y a pesar de todo, se amaron hasta el final. De entre los que aún andamos por este planeta, quiero hacer una especial dedicatoria a mi hermana Maite y a mi cuñado Ismael, por el amor, la música, los juegos y las letras que me hicieron crecer hasta ser quien soy. En definitiva, a todas esas generaciones que hicieron posible el sueño del final de siglo, aún sin naves estelares volando rasantes por las calles.

Y desde luego que no en último lugar, a mis amigos de la infancia y adolescencia, mis hermanos que siguen ahí. Juntos, como Roy Batty en Blade Runner,  hemos visto cosas que ustedes no creerían. Y, por supuesto, a mi esposa Loli y a mis hijas Mararía y Tibiabin, a quienes van dirigidos en primera instancia estos recuerdos para que tomen lo mejor de la Historia y nunca repitan lo peor. Para tratar de que no se pierdan en el tiempo –Batty otra vez– como lágrimas en la lluvia.

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2 pensamientos sobre “Tiempos de Fuga”

  1. Me documento sobre los 70 .Viví en 29 de Abril y recuerdo entre otros al Papi… Don Enrique del Club 29… A Dori, camarero del Saxo’s. Podrías contactar conmigo a través del e.mail de referencia. Mil gracias Y.

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