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Botella del mítico Baya-Baya, pionero de los refrescos canarios de naranja durante las década de 1950 y 1960, producido y comercializado por la empresa grancanaria Ahemón.

La calidad y éxito de las marcas canarias de agua mineral dio pábulo a que las distintas empresas comercializadoras de las mismas se aventurasen a entrar en el no menos lucrativo negocio de las bebidas refrescantes: los refrescos –entiéndase refrescos con gas, antaño llamados genéricamente gaseosas– y los zumos –más apropiadamente, jugos o néctares–, emporio que vivió su época de esplendor, en cuanto a variedad de los productos ofertados, durante la década de 1970 puesto que la fabricación local era potencialmente más barata que la importación del producto ya manufacturado. Como muestra de la importancia que llegó a cobrar este nicho de mercado tenemos el siguiente documento que refleja las quejas de la población de Gran Canaria, tras la ola de calor del verano de 1976, ante el desabastecimiento de agua mineral embotellada en favor de la producción de refrescos.

En la edición de El Eco de Canarias del 22 de agosto de 1976 se recogían las quejas de los consumidores del agua de Firgas acerca del desabastecimiento de ésta en favor de la producción de refrescos durante la ola de calor de aquel verano (fuente: http://jable.ulpgc.es).

Como correpondía a la época que nos ocupa, las botellas de refrescos y zumos eran de vidrio retornable –aún no se despachaban en botellas de plástico–, así que nuestras madres nos mandaban a la tienda de la esquina con la bolsa de mallas cargada de envases vacíos –en Canarias no se dice cascos sino envases— a cambiarlos por botellas llenas. Lógicamente, salía más cara la compra si uno se llevaba la botella sin intercambio de por medio.

ciclamatos

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A finales de 1969, los fabricantes canarios de refrescos se apresuraron a tranquilizar a sus consumidores asegurándoles que sus productos se edulcoraban con azúcar de caña en lugar de ciclamato sódico, prohibido su uso alimentario desde ese mismo año en los EE.UU. debido a su potencial cancerígeno (fuente: http://jable.ulpgc.es).

Las marcas de refrescos y zumos presentes en Canarias durante las décadas de 1970 y 1980 se dividen entre las de origen puramente autóctono y las fabricadas bajo el régimen de concesión, siendo estas últimas, como cabe esperar, las más numerosas. Relaciono a continuación las empresas y marcas más importantes.

CLIPPER

Sin duda alguna, Clipper es la joya de la corona de los refrescos canarios y la única marca autóctona superviviente.

Abril de 1971 y uno de mis recuerdos más antiguos, contraste de colores: una tarta de blanco merengue de la Dulcería La Española con una sola vela, un plato de galletas Bandama, una botella de oscura Coca-Cola y otra de Clipper de naranja chillón (foto: Antonio López Casanova).

Fabricado desde 1956 por Embotelladora de Canarias, originalmente se producía en tres sabores de fuerte intensidad y color: naranja, limón y fresa, siendo el Clipper de fresa un caso curioso en la historia internacional de los refrescos, ya que se trata de un sabor que prácticamente sólo tiene éxito en Canarias y que levanta auténticas pasiones encontradas entre los consumidores, que van desde la casi total adicción a la misma hasta su completo rechazo –como es mi caso–. Tal es la popularidad e influencia de este brebaje, que toda una marca consolidada internacionalmente como Fanta ha estado intentando incursionar en el mercado isleño desde 2006 con un sabor análogo diseñado exclusivamente para Canarias, sin haber podido desbancar a Clipper hasta la fecha.

Botella de un litro de Clipper, el refresco canario por antonomasia. (fuente: http://www.todocoleccion.net).

En los años 70 y creo recordar que en buena parte de los 80, Clipper se vendía exclusivamente en botellas de un litro, de grueso vidrio esmerilado, algunos ejemplares con un barco velero en el cuello –un clipper— y el eslogan La marca de su confianza – Islas Canarias en la curva opuesta a la etiqueta serigrafiada de caligrafía blanca sobre fondo azul verdoso. Aunque la marca en sí está registrada por Embotelladora de Canarias para la producción de refrescos –la otra Clipper es la de los famosos encendedores a gas recargables–, la caligrafía setentera de la misma era notablemente similar a la de una empresa estadounidense de herramientas para trabajos de mampostería. El refresco no se promocionaba mediante anuncio televisivo sino radiofónico, como producto patrocinador del sorteo del cupón de los ciegos, hoy más asépticamente conocido como número de la O.N.C.E.

En 1968, Clipper se autoproclamaba el primer refresco español en incorporar el tapón de rosca de aluminio (fuente: http://jable.ulpgc.es).

NIK

A diferencia de Clipper y de lo que sostiene la creencia popular,  Nik no era originalmente una marca canaria sino una concesión barcelonesa –así lo afirma el estudio La fabricación de gaseosas y sifones en Navarra, de Francisco Hernández Duque–, aunque es probable que la propiedad de la misma pasase a manos isleñas en 1975, según se deduce de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

La antigua Embotelladora El Pino, fábrica de Nik y Bubble Up, en 2012 (fuente: Google Maps).

Sin duda, Nik es uno de los refrescos más añorados por esta tierra. Tuvo su fábrica, hoy cerrada, —Embotelladora El Pino— en la mariana villa de Teror, justito a la entrada del pueblo por la Carretera General, propiedad del fundador Eduardo Quintana González, también introductor de la gaseosa Aries. La marca data de 1940, y desapareció de Gran Canaria creo recordar que a finales de los años 80 o principios de los 90, aunque fue resucitada el año 2000 en Buenavista de Firgas (Gran Canaria) y en la isla de La Palma pero, al no haberlo probado en su más reciente versión, no sé si guardará alguna similitud con el producto original más allá del nombre y el logotipo. A lo sumo, su presencia en el mercado actual es casi anecdótica frente a la de su antigua encarnación.

Botella de 1 litro de Nik (fuente: http://www.todocoleccion.net).

Botellín de Nik (fuente: http://www.todocoleccion.net).

nik_botella

Del refresco de los setenta me quedo con sus tres sabores: fresa, limón y naranja –este último mi favorito–, con sus posos de pulpa en el fondo de las botellas –que yo recuerde, casi todos los refrescos de naranja o limón mostraban pulpa en el culo de las botellas cuando llevaban un tiempo en reposo, fenómeno sospechosamente desaparecido del mapa en los tiempos que corren– y su sabor a fruta natural, mucho más destacado en el caso de Nik que en el resto de marcas, con las únicas excepciones quizás de Schweppes y de TriNaranjus (sin burbujas) –el antecesor del actual TriNa–. La botella mostraba un esmerilado rugoso con el logotipo consistente en una elipse negra con letras amarillas.

Una de las fuentes del Parque Doramas que aparecían en el anuncio televisivo de refrescos Nik (fuente: http://es.wikiloc.com/wikiloc/imgServer.do?id=2892110).

Aún resuena en mi cabeza el anuncio televisivo rodado en las fuentes del Parque Doramas, con aquel soniquete que decía –gracias a Satur por refrescarme la parte olvidada:

Nik me abanica cuando yo tengo calor
Me protege con cariño de la sed que me da el sol
Nik es mi amigo y me regala su sabor
Nik naranja, Nik limón
Nik naranja, ¡qué gran sabor!

Embotelladora El Pino se encargó de producir otros dos refrescos: la concesión de Bubble Up, que trató de competir en el terreno del sabor lima-limón con Seven-Up y Sprite, bajo el lema Besos de limón, besos de lima, y Nik Maracuyá, el último sabor de éxito de la empresa –maracuyá, parchita o fruta de la Pasión, denominación que llevó a más de uno en tiempos del destape a pensar que se trataba de un afrodisiaco cuando la realidad es que la fruta se llama así porque la flor se asemeja remotamente a una corona de espinas–, ya entrados los años 80.

Anuncio promocional de Bubble Up y Nik (fuente: http://jable.ulpgc.es).

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