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El antiguo y abandonado Balneario de Los Berrazales, en el Valle de Agaete, madre del Agua de Agaete (fuente: Canarias7 / Carmelo Navarro).

Como contaba en la anterior entrega de esta serie, en Gran Canaria era habitual el consumo de agua mineral natural con gas durante los años 70 y 80, costumbre extraña en otros lares donde la gente estuviera habituada a disponer de agua potable en sus casas pero sin el desagradable sabor del líquido elemento desalinizado. De forma análoga a lo que sucede con los productos lácteos, sorprende a los foráneos que, siendo Canarias una tierra en la que escasea el bebestible, existan tantas marcas de agua mineral natural y de tan buena calidad, casi todas ellas surgidas al amparo de balnearios construidos en las inmediaciones de las madres respectivas y que fueron abandonados durante la primera mitad del siglo XX, sobreviviendo tan sólo algún que otro hotel asociado que, de existir hoy en día, sería calificado de alojamiento rural. Tal era la competencia existente que era habitual que en diversas viviendas de una misma familia –e incluso en una misma casa– se consumiesen diferentes marcas de agua, fenómeno que permanece vigente hoy en día.

Una característica común a todas las marcas comerciales grancanarias de agua gasificada es la mesura en la concentración del ácido carbónico disuelto en ella, a diferencia de la mayoría de marcas foráneas que suelen presentar un gasificación más fuerte, quizá por influencia de la casi extinta agua de sifón que solía servirse en los bares y cafeterías de antaño. Esta característica dota a las aguas gasificadas isleñas de una suavidad peculiar.

En la actualidad sólo sobreviven dos de las cinco marcas de agua gasificada que existieron en Gran Canaria durante la época que nos ocupa y que paso a enumerar.

Ejemplar post-1976 de botella de cristal de agua de Firgas con la característica serigrafía en blanco y rojo, propia de las décadas de 1970-1980, cuyos colores se mantienen actualmente (fuente: www.todocoleccion.net).

Ejemplar post-1976 de botella de cristal de agua de Firgas con la característica serigrafía en blanco y rojo, propia de las décadas de 1970-1980, cuyos colores se mantienen actualmente (fuente: http://www.todocoleccion.net).

AGUAS DE FIRGAS

Es quizá la más famosa, representativa y prestigiosa de las marcas de agua con gas de Gran Canaria, y la que más se ha esforzado por modernizar su imagen, estudios médicos incluidos. A mi juicio, es también la que presenta un sabor y una gasificación más equilibradas, no sólo al compararla con otras marcas locales sino también con la mayoría de las etiquetas foráneas. A lo largo de los años, desde su fundación en 1930 en el municipio de Firgas, las aguas gasificadas pertenecientes a esta marca se han extraido de dos madres situadas en el Barranco de la Virgen o de las mil fuentes, entre los municipios de Firgas y Valleseco, a saber: La Ideal, y el Pozo de El Rapador –rebautizado como La Ideal II–. Existen al menos otras dos madres pertenecientes a la misma empresa pero que se utilizan para extraer agua que se comercializa sin gas bajo las marcas Vitalia y San Antón.

Desde 1967, el agua de Firgas se vende en dos concentraciones de gasificación: la normal –suave, identificada con los colores rojo y blanco– y la extra –más del gusto foráneo, con los colores azul y blanco–, que se comercializó bajo la denominación Filgás, actualmente desaparecida (fuente: http://jable.ulpgc.es).

Las botellas de agua de Firgas siempre han mantenido el esquema de colores en rojo y blanco para las aguas de gasificación normal, y en azul y blanco para las de gasificación fuerte, a la internacional. Pero en los años 70 y 80 esta última configuración venía acompañada además de un ligero cambio en el nombre: Filgás.

De las comercializadas por Aguas de Teror, la llamada Agua de Teror mana con gas de la Fuente Agria, mientras que la Fuenteror, sin gas, brota de la madre del mismo nombre (fuente: Aguas de Teror).

AGUAS DE TEROR

Nacidas de la Fuente Agria del Barranco de la Madrelagua, en Teror, y reglamentadas públicamente desde 1916 –cada vecino del municipio tiene derecho a 50 litros diarios gratuitos siempre que vaya a recogerlos a la fuente, claro–, las Aguas de Teror son un caso excepcionalmente ejemplar de servicio público rentable, tras ser rescatadas en 1982 de una ineficiente concesión por el propio Ayuntamiento de la Villa Mariana, que se encargó de modernizar la empresa y transformarla en sociedad mercantil en 1992. Desde entonces, ambas madres se han convertido en las joyas mayores del consistorio terorense, con permiso de la Virgen del Pino, y en sus principales generadores de ingresos.

La Fuente Agria, madre del Agua de Teror, en la actualidad (fuente: FEDAC).

En cuanto al agua en sí, comercializada bajo las marcas Agua de Teror y Fuenteror, la primera reservada al agua que mana de la Fuente Agria –agua con gas o agua agria, que se decía antaño– y la segunda, que brota sin gas, a la de la madre del mismo nombre, es sin duda una de las de mayor calidad de mi isla natal. Así que, si pasan por Teror y quieren hacer turismo alternativo, dense una vueltita por el pórtico de la Fuente Agria, en el barrio de El Álamo, y prueben a beber el líquido ligeramente gaseoso directamente de los chorrillos. Y si eso, llenen una garrafita con permiso del señor guardián.

No me ha sido posible encontrar ninguna imagen de las botellas fabricadas en los años 70-80, así que si alguien se ofrece, bienvenido sea.

Las botellas setenteras de Agua de San Roque venían serigrafiadas en tres colores: azul, rojo y amarillo, aunque yo no recuerdo haber visto nunca este último (fuente: http://www.todocoleccion.net).

AGUA DE SAN ROQUE

Allá por el 2000, durante la época en que vivíamos en Madrid, cuando el beber agua con gas era cosa aún de raritos o de señoritos, nos aficionamos al agua llamada Vichy Catalán a la que, salvo por el precio más caro de ésta y por su mayor gasificación, poco o nada tenía que envidiarle aquella agua de frikis, tan añorada al presente, que fue el Agua de San Roque, caracterizada por su sabor bicarbonatado y ligeramente ferruginoso –o ferrugiento, que dicen mis muertitos más inmediatos–, y que resolvió más de una digestión de las de no moverse ni pa’ cortar papeles, siguiendo el eslogan de sus botellas de serigrafiado azul, colorado o amarillo: digestiva, curativa, diurética. Acompañaba al eslogan la marca y una pareja de típicos –hoy diríamos que de aspecto pixelado— levantando sendos vasos sobre un paisaje con palmera incluida.

Exterior e interior de una chapa de Agua de San Roque en el formato de los años 70 y 80. Obsérvese el fondo de corcho (fuente: http://www.todocoleccion.net).

El Agua de San Roque pertenecía a la misma empresa que el Agua de Agaete –ver siguiente apartado– y Cumbres de Gáldar –sin gas– y, aunque tenía su cuartel general en Los Berrazales, en la culata del precioso Valle de Agaete, la madre de la que se extraía el agua, el Pozo de los Brito, se encontraba en Valsequillo. Mi madre solía alternar la compra de algunas botellas de este agua con la de Firgas, por su mejores propiedades digestivas.

Los edificios abandonados del balneario y planta embotelladora del Agua de Agaete y del Agua de San Roque, debajo del Hotel Los Berrazales - Princesa Guayarmina, cerrado en la segunda mitad de la década de 2000, en el Valle de Agaete (fuente: FEDAC).

Los edificios abandonados del balneario y planta embotelladora del Agua de Agaete y del Agua de San Roque, debajo del Hotel Los Berrazales – Princesa Guayarmina, cerrado en la segunda mitad de la década de 2000, en el Valle de Agaete (fuente: FEDAC).

AGUA DE AGAETE

De sabor similar al Agua de San Roque, aunque recuerdo que era un poco más suave, el Agua de Agaete nacía y se embotellaba en el antiguo balneario de Los Berrazales, en la antes citada culata del Valle de Agaete. Ambas marcas eran comercializadas por la misma empresa perteneciente a Juan González, que cerró a finales de la década de 1990 tras el fallecimiento de éste. No he podido encontrar fotos de sus botellas ni chapas originales –hay alguna de fechas más recientes, pero no de los años 70 y 80–, que llevaban un serigrafiado verde oscuro con letras encarnadas.

Chapa de propaganda del Agua de Moya (fuente: http://www.todocoleccion.net).

Chapa de propaganda del Agua de Moya (fuente: http://www.todocoleccion.net).

AGUA DE MOYA

También conocida como Agua de Los Tilos, era la marca menos difundida de las cinco que existían en los años 70, oriunda del municipio homónimo. La botella era de tipo gaseosa, con tapón mecánico, y recuerdo que tenía un serigrafiado blanco con letras rojas, con el nombre en arco, y hoy en día debe de ser una auténtica pieza de coleccionista. Los productos más conocidos de esta empresa eran los refrescos, pero trataremos de ello en la tercera entrega de esta serie.

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