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Gran Canaria posee una tradición heladera que probablemente tiene sus raices más conocidas en las familias alicantinas –principalmente, los Beltrá y los Verdú— establecidas en la Isla desde hace muchas décadas. Tanto los helados artesanales como los industriales han gozado de gran popularidad en la sociedad isleña, en todos los estratos y en todas las estaciones. En esta ocasión, voy a tratar de rememorar las marcas y negocios vinculados al mundo heladero en Las Palmas de Gran Canaria en las décadas de 1970 y 1980, distinguiendo entre los productos artesanales y los de fábrica, que dejo para la siguiente entrega.

Frente a la invasión del helado italiano –demasiado ñanga, espumoso y mantequilloso para mi gusto– la sobriedad contundente del mantecado alicantino –la palabra helado nunca fue de uso común en tiempos de mis padres, prefiriéndose mantecado o, más recientemente, cucurucho— ha tenido mucho que decir en los gustos isleños desde hace décadas.

Éstos son algunos de los locales que recuerdo:

LOS ALICANTINOS

Quizá una de las heladerías más emblemáticas de la Ciudad y de las pocas que aún continúan en activo, aunque en un local modernizado situado en la calle León y Castillo, cerca del antiguo emplazamiento que nos ocupa. Éste se encontraba en la trasera del Cine Royal, justo frente a la salida del mismo, en la esquina de la calle Venegas con la calle Murga. Hoy ocupa su espacio un área despejada, con mediana y acera.

El antiguo local era de techos altos, con una barra clásica –casi tan alta como el techo– y pequeños bancos individuales situados junto a las paredes y ventanas.

HORCHATERÍA BELTRÁ

Si no me equivoco, este local sigue en activo en la calle Tomás Morales frente al lugar que ocupaba el Cine Capitol –las familias Beltrá y Verdú solían abrir locales junto a los principales cines de Las Palmas–.

EL ALMENDRO / LA JIJONENCA

No estoy seguro del nombre de este local –seguro que algo relacionado con los sempiternos Beltrá o Verdú– y ni siquiera recuerdo exactamente si eran dos en vez de uno. De lo que sí estoy seguro es de que se encontraba en la acera derecha de la calle Muro, en sentido hacia la Catedral –probablemente frente a otra heladería que creo recordar situada en el actual asadero de pollos–, y su principal y curiosa característica era que vendían porciones de turrones El Almendro y La Jijonenca, envasados individualmente y en cualquier época del año.

Mi madre solía comprarme allí,  o en cualquiera de las otras heladerías cercanas, paquetes de cigarrillos de chocolate –de aquellos que imitaban marcas famosas–, naranjas de caramelos marca Mauri o paraguas de chocolate.

REGINA

Haciendo esquina con las calles Obispo Codina y Juan de Quesada –¡gracias a Teresa Quesada por recordarme el nombre!–. El local es muy pequeño, pero a pesar de ello, igual que otras muchas heladerías, vendía también dulces y golosinas varias. Una curiosidad es que presentaba un par de anuncios antiguos enmarcados certificando la bondad de la materia prima con que se elaboraban los productos comercializados –con frases como leche pura y completa–. Hoy lo ocupa una de esas insistentes gelaterias italianas.

HELADOS DOMINGO

Mi recuerdo más lejano de este local sólo llega hasta mi época universitaria –años 90– aunque probablemente existiera en tiempos del Cine Avellaneda, pues no se justifica de otra forma su localización, un tanto aislada y a la vez cercana a las heladerías de la competencia, que estaban mejor situadas a mi juicio. Ignoro si continúa funcionando pues, como digo, mi recuerdo de los 90 es que yo iba allí a comer algún que otro dulce después de dar clases en una academia cercana, hasta que tuve una experiencia desagradable y no volví más.

HELADOS PEÑA LA VIEJA

Los helados Peña La Vieja del Paseo de Las Canteras, frente a la roca homónima, son otro clásico del negocio heladero, como su característico surtido multicolor de bombones helados, despachado en algunos restaurantes autóctonos, aunque a mí, francamente, siempre me han resultado un pisco sosos.

Entre las heladerías de estilo alicantino y nueva generación han existido tres clásicos de los que sólo dos sobreviven:

GUIRLACHE

Situada en el corazón de la calle Triana, se ha especializado más en la elaboración y venta de tartas de diseño.

QUINTA CUMBRE

Especializada en los centros comerciales, es una cadena local de heladerías de gran éxito gracias a sus productos clásicos.

LA ATLÁNTIDA

Situada junto al Hotel Reina Isabel y el puesto de Cruz Roja de la playa de Las Canteras y ya desaparecida, fue un puntal mítico que bregó a brazo partido contra todos los rivales que le salieron en el local vecino y que a todos tumbó sin siquiera despeinarse. La situación, la veteranía y la calidad del producto –mi favorito, la granizada de leche, huevo y canela llamada ponche nevado— eran muy difíciles de superar, a lo que se añadía la inclusión de nuevos sabores, experimentales pero bien calibrados. Desafortunadamente, creo que al dueño le llegó la edad de retirarse sin posibilidad –o sin deseo– de sucesión en el negocio, lo que le valió una victoria pírrica a la competencia, después de muchos años de endulzarle la vida a los paseantes de la zona.

OTRAS HELADERÍAS

Naturalmente, existieron muchas otras heladerías que no recuerdo, la mayoría propiedad, como dije, de los Beltrá y Verdú. Pero también habían otras en el ámbito rural con productos de gran calidad.

En concreto, recuerdo una heladería en Gáldar que visité a finales de los 90 y cuyo producto estrella era el mantecado de turrón, con un intenso sabor a Jijona que le parecía a uno estar devorando una barra del rico dulce alicantino. Se trata de la Heladora La Única, situada en la calle Miguel de Mujica, una especie auténticamente autóctona en vías de extinción y cuya visita y degustación recomiendo vivamente.

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