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Mi gran afición al séptimo arte se la debo a mi padre, quien desde mis primeros años de vida me llevaba a los cines de Las Palmas de Gran Canaria desde principios de la década de 1970. Por esta época, los cines de una sola sesión estaban a punto de liquidar a las pocas salas de sesión doble que aún quedaban y que estaban en boga desde finales de los años 30. Mi padre me contaba cómo su película favorita de chiquillo era El capitán Bloody cómo él y un amigo iban de cine en cine persiguiendo las espectaculares aventuras del corsario interpretado por Errol Flynn hasta gozarse más de una docena de pases.

Si mal no recuerdo, en esta esquina de la calle Maninidra había una vieja casa terrera donde algún cine que he olvidado anunciaba su programa doble (foto: Google Maps).

Mi madre, a su vez, narraba una divertida anécdota que le sucedió junto con mi hermana mayor, siendo ésta niña, posiblemente a finales de los cincuenta.

En una de aquellas salas de doble ración, el menú del día consistía en una comedia seguida de un dramón de proporciones griegas. Mi madre, que nunca fue demasiado sensible al cine de humor, permanecía seria cual notario mientras el resto de la sala se partía el pomo con las ocurrencias del gracioso de turno. Cuando le tocó la vez al drama, y la gente lloraba a moco suelto, a algún vecino de butaca se le escapó un viento tan silencioso como apestoso. Mi madre logró mantener la compostura por sus propios medios, pues el ambiente lacrimógeno facilitaba las cosas, pero el porte se le vino abajo en cuanto se le ocurrió echar el rabillo del ojo a la chinija de mi hermana que, ojos desorbitados y clavados en la pantalla, se abanaba lenta y elocuentemente la nariz con la palma de una mano, arriba y abajo, arriba y abajo: las carcajadas de mi madre cayeron como un caterpillar sobre los angustiados espectadores.

A lo que iba: los años 70 fueron la edad de oro de los cines monosala, con largometrajes en color de entre 90 y 120 minutos de duración, dotadas de novedosos efectos especiales que facilitaban el tratamiento de temas épicos. Mis favoritas eran las películas de acción, especialmente las de aventuras legendarias, las espaciales y especialmente las bélicas de la II Guerra Mundial, sobre todo si salían tropas alemanas, cuyos uniformes y armamento me resultaban más interesantes que los de los sosos británicos y estadounidenses. Lamentablemente, algunas de éstas eran para mayores de 18 años sin la esperanzadora coletilla de y menores acompañados, así que sólo podía optar a todos los públicos, mayores de 7 años y, si había suerte, y mi padre convencía al de la taquilla, mayores de 14 años. Ya a finales de los 70, la abundancia de filmes de aventuras palidecía ante la avalancha de películas eróticas de todo pelo que invadían los monosalas al gusto del desagallado y pseudo-liberado españolito posfranquista.

Había nada menos que más de treinta cines sólo en el municipio de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Qué tenían de especial aquellos locales? Desde luego no eran tan cómodos ni espectaculares como los actuales –algunos eran bastante deprimentes–, aunque varios sí que estaban decorados con auténticas obras de arte y eran notables ejemplos de arquitectura, sobre todo los que habían sido teatros o combinaban esa función con la proyección de películas. Quizá la mejor aportación de estas salas, aparte de la estrictamente cultural, fue la animación que infundían en los alrededores, y el negocio que daban a los pequeños comercios cercanos: no sólo los bares, cafeterías, restaurantes, bazares y  dulcerías, sino incluso otros tipos de empresas se nutrían en buena parte de la clientela de los cines. La presión económica sobre las distribuidoras y la pujanza de la especulación inmobiliaria y de los reproductores de vídeos VHS, combinadas con la rápida rentabilidad que supuso la moda de los bingos llevó a la reducción y concentración de estos negocios familiares en multicines de seis salas a mediados de la década de 1980 –en Las Palmas, prácticamente toda la oferta cinematográfica quedó reducida a los multicines Royal, Galaxy’s y Monopol, dieciocho salas en total– que, finalmente, acabaron también sucumbiendo ante sus homólogos de los centros comerciales, ya en manos de multinacionales, muriendo con ellos buena parte de la animación urbana de viernes, sábados y domingos.

Vamos a repasar los cines que recuerdo, citando algunas de las películas de estreno que pude visionar en ellos:

CINE SOL (SOL CINEMA)

La sala de cine por excelencia de Schamann, donde mi madre aseguraba haber asistido a las primeras actuaciones de un niño llamado José Vélez. Aquí pude ver varias películas de dibujos animados y otras con actores de carne y hueso, como 20.000 leguas de viaje submarino, y algunas del maestro del stop-motion, Ray Harryhausen, como Simbad y el Ojo del Tigre –impresionante el monstruo Minoton–. De entre las animadas destacaría Crucero espacial Yamato, precursora de la moda del género anime en España y, por anecdótica, Snoopy – Vuelve a casa: creo que a mis seis años de edad, acabé echando de menos aquel chucho perdido y solté fuerte perreta al llegar a casa hasta que mis padres me convencieron de que las animaciones eran dibujos como los de los cuentos de papel y no reales.

Edificio del antiguo Cine Sol (Sol Cinema) en la calle Gerona (Schamann) (foto: Google Maps)

En muchos cines era costumbre emplazar el cartel de la película exhibida junto con el del próximo estreno, en el mismo edificio o en un lugar cercano a la sala, y también en las cristaleras de locales próximos. Así, por ejemplo, el Sol Cinema anunciaba sus películas sobre la esquina del bar Moreno de la calle Don Pedro Infinito, habitualmente encima del puesto callejero de sardinas de Antoñita la Cubana, y en las ventanas del bar Duque, en la calle Zaragoza (ese cartel del supermán hispano-italiano, Supersonic Man…). En la ventana del Bar Texas también se anunciaban películas, creo que del Cine Cuyás, aunque no lo recuerdo bien.

Cartel promocional de Supersonic Man (1979).

Se anunciaban los estrenos sobre la esquina del Bar Moreno (izquierda), en el Bar Duque de la calle Zaragoza, y en el Bar Texas (derecha) (foto: Google Maps)

El Sol Cinema acabó reconvertido en bingo, como mandaban los cánones de los 80, aunque el edificio sigue siendo el mismo hoy en día.

En la Navidad de 1979 se estrenó “Galactica” en el renovado Cine Plaza (fuente: http://jable.ulpgc.es)

CINE PLAZA

Situado en la calle Cádiz frente a la mismísima Plaza de Don Benito, el Cine Plaza fue el lugar de estreno de Galactica, el largometraje promocional de la serie televisiva creada por Glen A. Larson aprovechando la fama de La guerra de las galaxias, y que yo devoraba en verano después de comer hasta que tuve que reconocerme a mí mismo que repetía una y otra vez las mismas escenas de combate. El hipnótico ojo-escáner de los centuriones cylones fue reutilizado años después en el frontal del coche robot KITT, de la serie El coche fantástico. Otra película que me impactó y pude ver en ese cine fue Asesino invisible, sobre un coche poseído por fuerzas diabólicas, al estilo de El diablo sobre ruedas y Christine.

El CIne Plaza estaba en la calle Cádiz, frente a la Plaza de Don Benito (foto: Google Maps)

El Cine Plaza fue también reconvertido en bingo y posteriormente derribado para construir un edificio residencial.

Una variante del cartel de Galáctica, Estrella de Combate

CINE APOLO

La tercera sala de Schamann, situada al final de la calle Don Pedro Infinito. No era de mis favoritas, pero allí pude ver algunos peliculones como Star Trek y Viaje alucinante –pues no, no todas las películas que ponían en los cines eran de estreno–, alguna que otra de Cantinflas, y frikadas de terror catastrofista como Devoración –estoy convencido de que se llamaba así, y no Piraña, que era otra peli distinta aunque con unos pescaditos igual de simpáticos–. También acabó de bingo, hasta el presente.

El edificio del viejo Cine Apolo, en la calle Don Pedro Infinito (foto: Google Maps)

CINE SCALA

Situado en la raya de Schamann y Escaleritas, en la calle Henri Dunant, junto al centro de mayores donde trabajó un primo de mi padre hasta jubilarse, no ha vuelto a utilizarse después de su clausura. Vi pocas películas en él, de las que no recuerdo ninguna.

El Cine Scala, en la calle Henri Dunant, no ha vuelto a abrir tras su cierre (foto: Google Maps)

NOTA: Un amable lector me indica que la sala fue transformada en bingo antes de su estado actual.

CINE LOS ÁNGELES

De las películas que ví en el Cine Los Ángeles, de la calle Rafael García Pérez, en el barrio de Miller Bajo, recuerdo especialmente Mazinger Z – El robot de las estrellas, que poco tenía que ver con su homónimo animado; de hecho, el título original de la peli era otro, pero en todos los países donde se exhibía el mecha se decidió vender la moto de que esta cinta trataba sobre el famoso robot de Koji Kabuto.

Las espabiladas distribuidoras españolas usurparon la identidad de Mazinger-Z a todo trapo, incluyendo peli y cómics (fuentes: http://valenciacanta.blogspot.com.es y http://www.asia-team.net).

Intenté convencer a mis amiguitos del cole de que ése era el verdadero Mazinger, porque la peli estaba hecha con personas, y reconozco que ni me convencí a mí mismo, ya que los efectos especiales (stop-motion) eran malísimos hasta para la época, aunque quince años después utilizaron unos de similar calidad en las series de los Power Rangers.

La nave del Cine Los Ángeles, en el barrio de Miller Bajo (foto: Google Maps)

La nave del cine ha sido utilizada como supermercado desde su cierre.

CINE AVENIDA

El edificio del Cine Avenida estaba en la avenida General Franco (actual Primero de Mayo) (foto: Google Maps)

El Cine Avenida, de la avenida General Franco (hoy Primero de Mayo),  fue uno de los más emblemáticos de la ciudad, tanto por su afluencia de público como por la arquitectura del edificio. Los intentos de declararlo bien de interés cultural no bastaron para protegerlo del derribo y posterior construcción de un edificio de uso residencial y comercial —en este enlace puede verse una foto de la antigua fachada antes de su demolición–. Como curiosidad, fue una de las primeras salas en exhibir películas clasificadas S. Si no recuerdo mal, una de las últimas películas que fui a ver allí fue Firefox: El arma definitiva, de Clint Eastwood.

CINE AVELLANEDA

Situado en el barrio de Vegueta, en un extremo de la calle Pelota, el Cine-Teatro Avellaneda permaneció cerrado mucho tiempo tras su clausura, hasta su reapertura como Teatro Guiniguada. Desde entonces ha pasado por varios cierres y reaperturas y parece que, por fin, ha vuelto a reinventarse a si misma, siendo la única de las antiguas salas que ha conseguido mantener su función cultural. Aunque en ella pude ver unas cuantas películas, ahora mismo no recuerdo ninguna.

El Cine Avellaneda, hoy Teatro Guiniguada (foto: Google Maps)

CINE REX

El Cine Rex, en la calle Eusebio Navarro, es ahora un garaje (foto: Google Maps).

El llegar tarde con mi hermana y mi cuñado a ver Indiana Jones y el Templo Maldito, supuso ver cómo el malo de la película le arrancaba el corazón a una víctima con todo lujo de detalles, conmigo sentado en primera fila y separado de los demás, por causa de una sala en reboso. Una triple primera experiencia que repetiría con gusto en otras películas y en numerosas ocasiones pasados los años, a pesar del mal trago. Superman: La película fue otra de las grandes producciones que pudimos gozar en esta sala de la calle Eusebio Navarro, especializada en películas oscarizables. Tras el cierre, este inolvidable sitio quedó reducido tristemente a garaje.

CINE CAPITOL

Siendo uno de los más antiguos, fue también uno de los últimos supervivientes en cerrar sus puertas –a principios de la década de 2000–. El Capitol, situado en el paseo Tomás Morales, fue también testigo de grandes películas, una de las últimas, si no la última, que pude ver en su sala fue Máximo riesgo a mediados de los 90 –bueno, de ésta no puede decirse que sea una gran película; bonitos paisajes, eso sí–. Como correspondía a un antiguo teatro, sus asientos estaban especialmente diseñados para ponerte el culo cuadrado.

Los restos del Cine Capitol a punto de ser sustituidos por un edificio residencial (foto: Google Maps)

La horchatería Beltrá –frente al Cine Capitol– es uno de los negocios que tuvieron su apogeo gracias a los cines monosala (foto: Google Maps).

El Capitol anunciaba sus películas en una de las esquinas del paseo Tomás Morales con la calle Bravo Murillo.

En esta esquina se anunciaban las películas del Cine Capitol (foto: Google Maps).

El Cine Capitol, después de una larga lucha contra el poder de los grandes multicines, fue condenado a la demolición para ser reemplazado por un edificio residencial.

CINE ROYAL

Emblemático de la calle León y Castillo, quizá fuera la sala favorita de mi niñez, sobre todo por haber sido el lugar de estreno, en la Navidad de 1977, de la mítica La guerra de las galaxias (Star Wars pa’ los moennos), película de gran influencia sobre más de una generación, y desde luego sobre la nuestra. Aún recuerdo las pintadas anunciando el estreno sobre un muro de la calle General Bravo, cerca del castillo de Mata –por aquél entonces, cuartel de la Legión–, al lado de un local, creo que inutilizado, donde se pegaban carteles de otras películas.

Los Multicines Royal (antiguo Cine Royal) antes de su demolición (foto: Google Maps).

Este edificio es bien conocido por generaciones posteriores a la mía, ya que fue reconvertido en el primer multicines de la ciudad (Multicines Royal), donde muchos vivimos nuestras pelis de adolescencia, para ser clausurado en la década de 2000 y derribado hace poco tiempo. ¿Adivinan para qué? Parafraseando a Groucho Marx: más pisos, que es la guerra…

El Cine Royal anunciaba sus pelis en un local desaparecido que estaba en esta esquina de Bravo Murillo (foto: Google Maps).

CINE CARVAJAL

El Cine Carvajal, sin ser uno de los antiguos, fue el último de los monosalas en caer a mediados de la década de 2000 (foto: Google Maps)

Mi padre me llevó unas cuantas veces a este clásico moderno en la calle homónima perpendicular al paseo Tomás Morales, antes de continuar su actividad como sala X que le valió el truculento mérito de ser el último de los cines monosala en caer ante la piqueta y el afán de los ladrillos residenciales, a mediados de la década de 2000. No recuerdo qué películas llegué a ver en él, pero en mi cabeza resuenan ecos de alguna de serie B.

CINE CUYÁS

Si algo tenía de original este cine de la calle Viera y Clavijo es que se accedía por un túnel desde la calle a un patio interior y luego estaba el cine propiamente dicho, exhibiéndose en los escaparates del patio los carteles de los próximos estrenos. De las películas que ví en él siendo chinijo recuerdo el impacto que me produjo la reposición de Marcelino, pan y vino –hombre, eso de que Jesucristo mate a un niño porque ha sido bueno es algo complicado de digerir para un infante–.

El Teatro Cuyás es la nueva reencarnación del Cine Cuyás (foto: Google Maps)

Afortunadamente, años después del cierre y ruina del edificio, al igual que sucedió con el Cine Avellaneda, el recinto fue reformado y transformado en el Teatro Cuyás, todo un referente actual para la actividad cultural canaria. De hecho, si no me equivoco, el propio cine fue un teatro en sus orígenes.

CINE ASTORIA

Situado en la calle Fernando Guanarteme casi en la esquina con Olof Palme, en el Cine Astoria se estrenaron las dos partes finales de la primera trilogía de La guerra de las galaxias: El Imperio contraataca y El retorno del Jedi –aunque no recuerdo si ésta última la llegué a ver aquí o fue en otra sala–. Tras su cierre fue reconvertido en una macrodiscoteca de breve vida –según uno de nuestros lectores– para luego acabar como edificio de oficinas y locales, conservando la fachada original.

Del Cine Astoria se conserva la fachada original (foto: Google Maps)

CINE BAHÍA

El Cine Bahía fue otra de las grandes salas de los 70. Situado en la calle Secretario Artiles, en él asistí a la proyección de otro clásico renovador del cine de aventuras: En busca del Arca perdida. La sala continuó con su función de ocio, tras el fin de la actividad cinematográfica, como disco-pub y como salón de tragaperras y billares, siendo lugar de recalada habitual para muchos adolescentes y universitarios entre los que me incluyo. Hace relativamente poco tiempo fue derruido y sustituido por un edificio residencial.

Un edificio residencial ocupa el lugar dejado por el Cine Bahía, en la calle Secretario Artiles (foto: Google Maps)

CINE RIALTO

Situado en Las Alcaravaneras, frente a la gasolinera de la Shell y cercano a la llamada, con perdón, Casa del Coño, en el Cine Rialto se proyectó la fabulosa El desafío de las águilas, un clásico para los amantes del cine bélico fechado en la II Guerra Mundial, y La fuga de Alcatraz. Esta sala también fue también sustituida para darle uso residencial.

La esquina que ocupaba el Cine Rialto, en el barrio de Las Alcaravaneras (foto: Google Maps)

OTROS CINES – EL CINE UNIVERSAL

Como verán, las quince salas anteriores son todas las que alguna vez visité siendo niño, pero sólo representan la mitad de las que existían en Las Palmas de Gran Canaria, algunas de las cuáles –como el Cine Cairasco, el Cine Guanarteme, y un cine de versiones originales subtituladas (creo que se llamaba Cine Club) que estaba en la calle León y Castillo cerca del Cine Royal — seguían activas por aquel entonces mientras que otras habían cerrado, estaban en ruinas o simplemente desaparecidas.

Sin embargo, haciendo una excepción,  nombraré una sala que no tuve oportunidad de visitar, y lo haré por un doble motivo: porque fue la última monosala en inaugurarse en mi ciudad natal,  una especie de anacronismo, justo cuando este tipo de negocios empezaba a entrar en declive, y porque el edificio que se construyó para albergarla lo hizo sobre el antiguo portón de vecinos —corrala, dirían los peninsulares– donde vivió mi abuela y se crió mi padre, y que yo llegué a tiempo de conocer. Se trata del Cine Universal, en la calle General Vives, una sala de vida muy corta y que fue sustituida por el Láser Dromo, un local de gran éxito donde se jugaba una versión precursora y electrónica del paintball. Pero ni siquiera este original juego sirvió de mucho y el local se encuentra abandonado desde hace años, eso sí, conservando los anuncios de los dos negocios que albergó. Sic transit gloria mundi.

El Cine Universal y el Láser Dromo: la caída de dos épocas (foto: Google Maps)

MÁS INFORMACIÓN

Una relación de los cines de Las Palmas de Gran Canaria:

Algunas fotos de cines antiguos:

Un repaso a la arquitectura de los cines antiguos de Las Palmas de Gran Canaria:

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